Natural de Benifayó (Valencia), Jesús Añó fue un músico profundamente arraigado a la tradición de los Moros y Cristianos. Su obra se distingue por una elegancia innata y una instrumentación muy cuidada. En Beni-Fayum, Añó demuestra su capacidad para equilibrar el carácter guerrero del bando moro con una sensibilidad melódica casi nostálgica.
Compuesta en 1992, Beni-Fayum es mucho más que una marcha de desfile; es una evocación sonora del pasado árabe de la Península. El título hace referencia a un clan o asentamiento (los hijos de Fayum), y la música busca precisamente esa raíz tribal y señorial.
La estructura de la obra sigue el canon de la marcha mora, pero con matices que la hacen destacar:
La Introducción: Comienza con una llamada potente que establece el ritmo característico de la marcha mora: pausado, cadencioso y con un marcado acento en el segundo tiempo.
El Cuerpo Central: A diferencia de otras marchas más agresivas, Beni-Fayum destaca por su lirismo. Las maderas (clarinetes y flautas) entrelazan melodías sinuosas que recuerdan a la música del Magreb, utilizando escalas cromáticas que aportan ese color "orientalista" tan distintivo.
La Explosión de los Metales: Hacia el final, la obra crece en intensidad. Los trombones y trompetas retoman el tema principal con una fuerza majestuosa, simbolizando el poderío de la comparsa en las calles.
Beni-Fayum es una pieza "de culto" dentro del repertorio de Moros y Cristianos. Se elige frecuentemente para momentos de gran solemnidad o para el lucimiento de escuadras especiales debido a su elegancia rítmica. No es una marcha para correr; es una marcha para "sentir el paso", permitiendo al festero desfilar con esa altivez y pausa que la música de Jesús Añó exige.
Curiosidad: Esta marcha es un ejemplo perfecto de cómo la música festera valenciana evolucionó en los años 90 hacia composiciones más ricas armónicamente, sin perder la esencia popular que la hace vibrar en la calle.