En 1941, el director de orquesta Carlos Chávez encargó a un joven Moncayo una obra basada en la música popular de la región de Veracruz. Moncayo, junto con el compositor Blas Galindo, viajó al puerto de Alvarado para recopilar de primera mano los ritmos, melodías y la esencia del "son jarocho".
La obra surge en pleno apogeo del Nacionalismo Mexicano, un movimiento que buscaba elevar los elementos folclóricos a la categoría de arte académico. Moncayo no solo transcribió melodías, sino que las transformó en una arquitectura sinfónica sofisticada.
Huapango se basa principalmente en tres sones jarochos tradicionales: "El Siquisirí", "El Balajú" y "El Gavilancito". La obra se puede entender a través de estos elementos clave:
Aunque Moncayo escribió muchas otras obras de gran calidad, el éxito de Huapango fue tan rotundo que terminó por eclipsar el resto de su catálogo. Es una pieza que destila optimismo y técnica; una demostración de que la música popular, cuando pasa por el filtro de la genialidad sinfónica, se vuelve universal.
Considerada por muchos como el "segundo himno nacional" de México, Huapango (1941) de José Pablo Moncayo es una de las piezas más emblemáticas del repertorio orquestal latinoamericano. No es solo una obra de concierto; es una vibrante radiografía sonora del espíritu festivo del Golfo de México.